sábado, 13 de agosto de 2011

En un lugar del alma


En un lugar del alma, entre muros de olvido
y en arenas estériles, se entierran los amores
que nos nacieron muertos; y en tierra bendecida,
donde sueño tras sueño la vida siembra flores,

los que ya comenzaban a fabricar su nido,
cuando los alevosos minutos cazadores
les hirieron el alma... y los que sólo han sido
samaritano ungüento para nuestros dolores.

Yo sé que a esos sepulcros se les debe el tributo
que exigen del espíritu sus urnas de misterio...
Pero por esos muertos nunca visto de luto,

y al entrar en mí misma, ese lugar esquivo...
¡que en una de las urnas de ese mi cementerio,
hay un amor que tuve que lo enterraron vivo!

Margarita del Carmen Brannon Vega, conocida por su seudónimo Claudia Lars (Armenia, 20 de diciembre de 1899-San Salvador, 22 de julio de 1974), fue una poetisa salvadoreña. Su obra es considerada de un depurado lirismo y dominio de la métrica.


autora del óleo: amia http://amaiagrabados.blogspot.com

martes, 2 de agosto de 2011

Poema para hallarte esta noche


Para hallarte esta noche las pupilas distantes,
he dominado cielos, altamares, y prados.
He deshecho el sollozo de los ecos perdidos…
tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.
Siénteme la sonrisa. Es el último sueño
de una espiga del alba que se unió a mi reclamo…
Yo quiero que adelantes en espíritu y alas
mi canción enredada de trinos y de pájaros.
Te esperaré la vida. Levántame el ensueño.
Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios.
¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía,
se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!
Vuélvete la caricia. No quiero que limites
tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio.
Recorrerme es huirse de todos los senderos…
Soy el desequilibrio danzante de los astros.

Julia de Burgos
Julia de Burgos (17 de febrero de 1914 - 6 de julio de 1953), nacida en Carolina, Puerto Rico

sábado, 30 de julio de 2011

Antiguo Poema de Amor


el poeta ‘Antara B. Saddad (525-615) expresaba su amor en estos términos:


"Me acordé de tí cuando las lanzas me herían
y de los blancos sables goteaba mi sangre.
Quise besarlos porque
brillaban como tu sonriente boca".

jueves, 21 de julio de 2011

Con el tiempo...



Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma; y uno aprende que el amor no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que
alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Borges.J.L.

Cuando la puerta de la felicidad se cierra , otra se abre , pero algunas veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró , que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros . Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos , pero también es cierto que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos

lunes, 27 de junio de 2011

EL NIÑO YUNTERO




Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.


Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.



A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.





Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


Miguel Hernandez


Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono de la generación del 27».

domingo, 26 de junio de 2011

Catarsis, Ester de Izaguirre


Me dijo mi hija:
"Hoy estás distraída
y no escuchás"



Yo te quise decir que la realidad es un verdugo tenaz de piel adentro,
de sangre incorregible,
de verdades violadas a mansalva.
Por eso no escuchaba tus palabras
hasta que la poesía, este mar que recorre mis orillas
y recoge aguas vivas
y me lava las rocas de innumerables desperdicios
arrojados por duendes en la arena,
me libere las manos y la rabia,
los ojos, las vigilias, las promesas...
Después podré escucharte,
cuando manche de voces y de gritos esta página en blanco,
cuando este Cristo de palabras salve al hombre
que llevo en las entrañas condenado,
cuando pueda decirle a un septiembre nuevo
que entra como un espía a nuestros patios,
que no soy una planta
y que no participo de esa alegría animal de la tierra
que espera con las piernas abiertas de sus árboles
que el milagro fecunde sus preguntas,
cuando pueda crear la oración del desencuentro y la esperanza
para que la recen los ídolos
que ya estan de regreso
de todos los paraísos profanados.
Ya estoy aquí Mi relativa sombra.
Todo este amor que soy si no estoy triste.
Ahora puedo escucharte, hija querida


Publicado por "La Prensa" Buenos Aires 1975
y lo reencontré en mi cajita de los recuerdos...

viernes, 20 de mayo de 2011

El tren de la vida


La vida semeja a un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.


Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje.

Ellos se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No obstante, esto no impide a que se suban otras personas que nos serán muy especiales.


Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores. De las personas que toman este tren, habrá quienes lo hagan como un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite.


Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.


Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son tan queridos se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos, pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.


No importa, el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos.


Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo que tengan de mejor.


Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.


El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos donde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.


Me quedo pensando si cuando baje del tren sentiré nostalgia.


Creo que sí. Separarme de algunos amigos de los que me hice en el viaje será dolorido. Dejar a que mis hijos sigan solitos, será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron.


Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se hiciera valioso.


Maravilloso sería que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que el tiempo la haya convertido en valiosa. Trataré de hacer mucho, para que cuando llegue el momento de desembarcar, el asiento vacío deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.

No conozco al autor, me llegó por mail y lo comparto.







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